sábado, 4 de enero de 2014


En 1967 Stanley Milgram hizo un experimento en el que una serie de individuos tenían que castigar a otros que no acertaban ciertas preguntas con descargas eléctricas.Se comprobó sorprendentemente que la mayoría llegaba hasta el final a sabiendas de que la otra persona estaba sufriendo con las descargas.


Milgram resumiría el experimento en su artículo Los peligros de la obediencia en 1974 escribiendo:
Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974) 
En el año 2009 se graba un documental llamado El juego de la muerte,el documental describe un experimento realizado en Francia  para estudiar la autoridad de la televisión y su influencia sobre la obediencia. El experimento es una nueva versión del experimento de Milgram adaptado a las condiciones actuales y su objetivo es medir de manera significativa la interacción entre la autoridad de la televisión y los valores éticos de los sujetos. Se buscaba concretamente evaluar la capacidad de desobediencia del sujeto a órdenes dadas con la autoridad de la televisión cuando estas le hacían infligir daño a otra persona.

Los sujetos del experimento fueron voluntarios para evaluar la validez de un supuesto nuevo concurso televisivo, y que en consecuencia, no obtendrían ningún premio. El falso concurso se llamaría la zona Xtrema y consistiría en una prueba de memoria en que dos personas concursaban para repartirse un premio de un millón de euros. Uno de los concursantes (en el experimento un actor) habría de memorizar una lista de 27 asociaciones verbales en un minuto mientras que el otro concursante (el sujeto real del experimento) era quien debía comprobar la corrección de las respuestas y en caso de error, aplicar un castigo que consistiría en descargas eléctricas cada vez más fuertes a medida que avanzaba el concurso llegando hasta los 460 voltios. En realidad no había tal castigo. El falso concursante estaba fuera de la vista del sujeto del experimento y los gritos de dolor que este oía habían sido grabados con anterioridad. El experimento recrea pues un plató de televisión, en el que a diferencia del Experimento de Milgram, la autoridad no está representada por un científico, sino por el personal de la televisión; la presentadora, el productor y el público. Paralelamente se medían también las reacciones del público de estudio, que igualmente creía ser público de un episodio piloto. El experimento mostró 81% de obediencia en los sujetos (81% de ellos llegaron hasta el final) y un comportamiento del público sumiso a las exigencias del falso programa. Esto supone un 19% más de obediencia que en el Experimento de Milgram, donde se obtuvo un resultado del 62%, aunque las diferencias entre los dos experimentos hacen difícil establecer paralelismos exactos.

                
                              

No había nada que diferenciara a los sujetos que abandonaron y los que no,únicamente la educación que habían recibido.A pesar de que la mayoría de los sujetos dudaban,o bien preguntaban si era posible parar y abandonar el juego,o miraban a la presentadora y así comprobar si tenían su aprobación para continuar a pesar de los alaridos del concursante,los que abandonaron afirmaban que realmente se sentían mal haciendo sufrir a la otra persona y que tuvieron que reunir un gran valor para levantarse y abandonar el programa.

Si después de 5 exhortaciones de la presentadora el sujeto afirmaba que quería dejar de jugar,se le permitía abandonar el plató y una vez fuera,se le explicaba que era un experimento y que el que en realidad era un actor,se encontraba en perfectas condiciones.
Se realiza un segundo experimento en el que la presentadora,que era la que ejercía la autoridad se va del plató y deja al examinador solo,en este caso ,es mayor el porcentaje de sujetos que abandonan.
Las personas que no dudaron,y jugaron hasta el final ,afirmaban después que era la presión de estar en televisión lo que les hacía seguir jugando;los focos,las cámaras,la presentadora,el público... 

El experimento resultó sorprendente porque no se imaginaba que la televisión ejerciese tal presión sobre las personas,presión que no llega a ejercer,por ejemplo,ni la religión en una sociedad mediatizada.

1 comentario:

  1. Muy bien Ana. Atinada la referencia al experimento original.
    Saludos

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